Persona escribiendo en una libreta.
Cecilia Lavalle

Cecilia Lavalle

Buenos deseos

Salud, dinero, amor, felicidad, son algunas de las palabras que más se escuchan en estos días. Se sueltan sin pensarlo mucho, como los buenos días. Yo aquí las soltaré con toda conciencia y con todo el corazón.

Le deseo voluntad y disciplina para hacer ejercicio y para balancear su alimentación. Porque es uno de los caminos para tener salud.

Hay muchas enfermedades que no dependen en sentido estricto de nuestros cuidados. Ya sabemos, por ejemplo, que el estrés debilita nuestro sistema inmunológico. Y la vida moderna es estresante.

No obstante hay medidas que están en nuestras manos. Se los dice quien hace seis meses no hacía nada de ejercicio. Hasta que la vida me llamó la atención, la escuché, tomé las riendas, encontré en línea el tipo de ejercicio que necesitaba y puse lo que me correspondía: voluntad y disciplina. Un amigo y yo decimos: “si la flojera te despierta, la disciplina te levanta”.

Dinero. Ese deseo tiene un problema. ¿Cuánto es suficiente? Y es que en una sociedad de consumo los límites son tan elásticos –a propósito- que se pueden perder en el horizonte.

Así que le deseo que tenga lo suficiente para que haya comida saludable en su mesa tres veces al día, una casa a la que se desee llegar, un lugar donde dormir cómodamente, ropa y zapatos para vestir, y gustos que pueda compartir. Pero lo más importante es que tenga tiempo para disfrutar de eso. Porque de lo contrario algo en la ecuación está mal.

Amor. Ese no cuesta nada pero cuesta todo. Porque implica todo nuestro ser. El problema es que siempre se nos dice que debe ser para otras personas. Eso en especial se nos inculca a las mujeres. El amor es para otros (la madre, el padre, las hermanas, los hermanos, la pareja, las hijas, los hijos, las nietas, los nietos, las mascotas, el trabajo, el jardín, la causa el planeta).

Así que mi deseo para este año es que se ame profundamente, incondicionalmente. Y eso implica que se ponga en primer lugar; que se abrace, se respete, sea fiel a usted, a lo que desea, a lo que le gusta, a lo que anhela; que se cuide, se escuche, se atienda, se consienta. En fin, todo aquello que nos han enseñado para amar a otras personas, lo aplique en usted. Sin peros.

Felicidad. Al respecto la vida me ha dado algunas lecciones en los últimos años. He aprendido, por ejemplo, que a veces llega sola, pero hay que tener la disposición para reconocerla y apreciarla. Porque puede llegar en las cosas pequeñas. El aroma del café recién molido, la mariposa amarilla que veo por la ventana, las flores de un jardín, la melodía que suena en la distancia, la risa de las amistades.

Otras veces, hay que convocarla. Expresamente. Poner el café en la mañana y detenerse para aspirar el aroma; salir a buscar un jardín lleno de flores, encontrar la mariposa amarilla aunque sea en la portada de un libro; poner la música que hace que el cuerpo baile así sea en contra de su sentido del ridículo. Dejar que las risas lleguen al corazón.

Así pues deseo que este año, abrace la felicidad en cualquiera de sus formas. La reciba o la invite sin remilgos ni explicaciones.

Esos son mis deseos para usted en el próximo año. Y agregaría uno más: Que la vida nos permita encontrarnos en este espacio y en otros para abrazarnos por el puro gusto de encontrarnos. ¡Feliz año nuevo!

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