Este año no estrené el año. Y que conste que no soy una aguafiestas. Es sólo que aprendí a mirar el tiempo de otra manera.

La verdad es que nunca pertenecí del todo al grupo de personas que persigue el año nuevo con serpentinas y confeti; que cuenta cada segundo como cuando se espera vencer al adversario en lucha libre; que se atraganta a la quinta uva y ya para entonces ni quién se acuerde de 12 deseos.

También es cierto que no pertenezco al grupo que disfrutan las multitudes, y las abrazan como en película: sin conocer nada de la otra persona pero con emoción.

No obstante, durante casi toda mi vida estrené el año con familia y amistades muchas veces, y otras sólo con la familia, así fuéramos cuatro.

El último año nuevo que estrené fue en 2016, en Miami, en casa de mi hijo y mi nuera. Y, salvo mi yerno que no pudo viajar, estuvo toda mi familia reunida por última vez.

Fue una celebración especial porque la muerte rondaba, pero la ignoramos con toda descortesía y sentamos a la mesa a la esperanza, la fe, los buenos deseos y la gratitud. La verdad es que la pasamos maravillosamente bien.

Luego el cáncer dijo la última palabra y mi hijo murió en abril de 2017. Ese año todas las celebraciones adquirieron un matiz más bien gris.

Pero en 2018 el duelo me permitió rescatar de la memoria muy gratos recuerdos, algunos que incluso había atesorado en el momento mismo en que transcurrían, como quien se eleva por encima de la escena y la mira, la abraza y la captura con el corazón para guardarla en el alma.

Así pues, entendí que las fechas son sólo un pretexto, porque en realidad cada momento gozoso es una celebración.

Con eso en mente, para estas fechas me reuní con amistades queridas, y redescubrí que no importa el día, reunirnos es una fiesta.

También viajé para visitar a mi familia materna. Para mi madre era importante que estuviera ahí en Navidad. Para mí es Navidad cada vez que puedo reunirme con mi amorosa familia.

Cenamos un día con mi nuera -que ha decidido seguir siendo mi nuera y a quien yo amo independientemente de cómo decida llamarme- y ratifique que cada reunión con ella es Día de Gracias.

También visitamos a mi familia política. Comí, bailé, canté, reí, abracé sin mirar el calendario. En realidad es Año Nuevo cada vez que les visitamos.

De regreso a casa, los cuatro que somos comimos juntos el 31. Y, de nuevo, con absoluta claridad vi que cada comida, desayuno o cena con mi hija y mi yerno es Día de Gracias, Navidad, Año Nuevo, todo junto.

Para cuando dieron las 12 de la noche yo estaba profundamente dormida. Así que No. No estrené el año. Pero estrené la mañana con alegría. Estrené una taza vieja con mi café del nuevo día. Y he decidido estrenar cada momento memorable que la vida me regale.

El tiempo es un regalo. Las fechas un invento. Por tanto, he decidido abrir mi regalo sin fijar necesariamente fecha.

Le abrazo hoy con mi deseo de que estrene gozosamente cada día de 2019 como si fuera el primero del año.

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2019 collection

Let’s face it, no look is really complete without the right finishes. Not to the best of standards, anyway (just tellin’ it like it is, babe). Upgrading your shoe game. Platforms, stilettos, wedges, mules, boots—stretch those legs next time you head out, then rock sliders, sneakers, and flats when it’s time to chill.