
Más que un monólogo
A lo largo de estos años, las amistades de mi hijo le siguen escribiendo. En cada mensaje encuentro cariño, nostalgia y una certeza profunda: que la comunicación con quienes amamos no termina con la muerte, sólo cambia de forma.

A lo largo de estos años, las amistades de mi hijo le siguen escribiendo. En cada mensaje encuentro cariño, nostalgia y una certeza profunda: que la comunicación con quienes amamos no termina con la muerte, sólo cambia de forma.

Perdí libros en una inundación, pero no del todo. Descubrí que algunas pérdidas tienen vida propia: regresan, nos duelen, nos enseñan.

Hace cinco años escribí Claves para atravesar la tormenta, mi forma de transformar el duelo en palabras y honrar con amor lo que la muerte no puede tocar.

Imaginemos que vamos a acompañar a alguien a una caminata por el campo. ¿Dónde nos colocamos? ¿Al frente?, ¿atrás? Seguramente a un lado, porque la idea de “acompañar” nos remite a estar a la par. Sin embargo, cuando se trata de algún duelo no hacemos la misma interpretación.

Hay frases que no me gustan. Me cuesta trabajo decir, por ejemplo, “aniversario de nacimiento”. Se podría decir “cumpleaños”. Pero, ¿cómo lo dices si ya

Si hiciéramos inventario, ¿cuántas posesiones tendríamos? Si contáramos todo aquello al que le anteponemos el pronombre posesivo “mi”, ¿cuánto creeríamos que es nuestro? Cada que

Así le llamó Ana. Y no pudo haberlo descrito mejor. Porque la tristeza se disfraza a menudo -de enojo, sobre todo-, pero cuando llega desnuda

No sé dónde leí que los días lluviosos son, en realidad, buenos días fuera de contexto. Y pensé, bueno, sí, en sitios donde hay una

La vida te puede sorprender, pero para eso debes querer que te sorprenda. Esta frase -hermosa, en mi opinión, por su simpleza y su sabiduría-