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Orden y magia no son palabras que yo hubiera utilizado juntas. Hasta hace una semana.

Le cuento: Suelo ser una persona muy ordenada, pero no sé qué tiene el mes de enero que me obliga a poner orden.

No crea usted que es una especie de antojo, como el de comerse un helado aunque haga frío. Es más como la necesidad de tomar café por la mañana (esa clase de necesidad imperiosa que puede frasearse así: ¡quiero un café y lo necesito ahora!).

Y cada enero, desde hace años, empiezo por quitar el arbolito, y me sigo con lo que se me atraviese: alacena, closets, cajones de la cocina, mi oficina… Saco, desecho, limpio, ordeno. Hasta que la carga de mi trabajo remunerado me pone un alto.

Así pues, lo que se pudo, se pudo, y lo que no, pues no. Mi rutina laboral comenzaba y todo se quedaba más o menos igual hasta el siguiente enero.

Esta costumbre se interrumpió en los últimos tres eneros. Primero porque una carga de trabajo excesiva me lo impidió; luego porque mi hijo enfermó y mi vida se detuvo; y cuando murió, el duelo ocupaba tanto espacio que no había lugar para ordenar nada.

Este enero mi deseo-necesidad volvió como vuelven las amigas de siempre, como si nunca se hubiera ido. Por donde mi vista pasara: sacaba, limpiaba, desechaba, ordenaba.

Y en eso estaba cuando una amiga me dijo: “así que, como dice Marie Kondo, sólo te quedas con lo que te hace feliz”. “¿Quién?”, pregunté.

Acto seguido, detuve un par de días mi afán, busqué en línea y me sumergí en casi todo lo que encontré de esta mujer que ha permitido que rimen magia y orden. De hecho su primer libro se llama: La magia del orden.

Lo devoré.

Esta joven mujer japonesa creo un método para ordenar, que ha causado furor en medio mundo. Y hasta que la conocí, jamás hubiera pensado que si en verdad se quiere poner orden se necesitaba un método.

Como la buena alumna que soy cuando encuentro algo que tiene sentido para mí, “me puse en sus manos”. Y estoy sorprendida de lo que estoy descubriendo con el método KonMari –que es como lo ha nombrado.

Para empezar, Sí se requiere un método, porque de lo contrario pasa lo que me pasaba. Se hace un poco en distintos espacios y en realidad ni se acaba nunca ni se nota la diferencia.

Para seguir, soy más acumuladora de lo que pensé. Es más, siempre me asumí como No acumuladora. Error. En general la mayoría de las personas tienen más cosas de las que en realidad creen. Y sin duda más de las que necesitan.

Y para terminar, Marie sostiene que el sólo hecho de necesitar poner orden tiene distintas motivaciones y es importante saber cuál es.

Yo cerré los ojos, descarté la respuesta simple de “porque sí”, “porque es enero”, “porque se necesita”, y encontré mi motivo verdadero: aprender a soltar y aceptar los vacíos. Tiene sentido, ¿cierto?

Así que llevó un par de semanas trabajando un promedio de cinco horas diarias en este propósito, y al paso que voy calculo que me llevará otro mes. Al menos. Pero Marie afirma que es un proceso que se hace una sola vez, porque al terminar habremos aprendido a quedarnos sólo con lo que nos brinda felicidad; y eso mantendrá nuestro espacio sin cosas de más y ordenado.

Recomiendo ampliamente la lectura de su libro. Y disculpe que no siga platicando con usted, pero aún tengo cosas que ordenar.

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